“Pájaros en la boca y otros cuentos” de Samanta Schweblin: gratitud con la pesadilla

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Creo que fue en un taller literario dirigido por la escritora Maivo Suárez donde conocí por primera vez la obra de la argentina Samanta Schweblin; en específico, su cuento “Matar a un perro”.

Recuerdo también que, en una entrevista televisada, la ensayista Adriana Valdés hablaba de cómo reconocer un gran texto –un gran poema, en su caso- por la conmoción que provoca, y la onomatopeya usada (un lento y susurrado “¡oh!”) fue la descripción precisa de esa reacción. Digamos que, aunque menos expresivo o delicado la mayoría de las veces, comulgo con sufrir una respuesta física ante los grandes textos. “Matar a un perro” me remitió entonces a dos reacciones: un grito y aplausos.

Suena torpe, lo admito. La imagen es aún más ridícula si describo que fue en plena pandemia, en la quietud y soledad tenebrosas de las cuarentenas,  donde cada día que pasaba se parecía más al anterior y al siguiente como si todo se tratase de una repetición maléfica. Ese cuento, entonces, quebró una suerte de prisión mental y del ánimo. Resulta rara la anterior imagen, sin embargo, cuando el libro “Pájaros en la boca y otros cuentos” (Literatura Random House, 2017), donde está contenido este cuento magnífico, navega a través de diversas historias donde sus personajes parecen encerrarse o estar atrapados en escenarios –y disculpen el adjetivo manido- kafkianos. O, si me remito a la gran tradición de la narrativa argentina, a las lentas pesadillas de Cortázar o los espacios y personajes ominosos de Bioy Casares. Schweblin es dúctil en meterte dentro de estos episodios de delirio y hacerte sentir, al terminar cada texto, una suerte de conmoción que no se decide entre la sorpresa, la confusión o el mero espanto.

Son 22 piezas en este libro, reedición del original publicado en 2009, y si pongo a trabajar la memoria no recuerdo ningún cuento débil. Todos son (algunos más que otros, en mi paladar) extraordinarios y fascinantes, aunque podría citar al ya nombrado o piezas como el que le da el título al libro, “Cabezas contra el asfalto”, “Agujeros negros”, “La pesada valija de Benavides” y “Mi hermano Walter” como los que más me removieron.

Leer a Samanta es, y volviendo a Kafka, como el hacha que rompe el mar helado dentro de uno, solo para descubrir que dentro de sus páginas hay mundos quizás más helados, tenebrosos y, cuando la escritora quiere, aterradores.

Todo resulta extraño, entonces, cuando medito que un cuento de horrores me sacó de mi propio horror; que la imagen amenazadora que cerraba ese cuento increíble sirvió para romper, por un minuto, mi propia amenaza. “Desde el centro, cerca de la fuente, un grupo de perros se incorpora poco a poco y me mira.” concluye el cuento y me doy cuenta que en el living de mi casa no hay ojos ni perros ni nada que me devuelva la mirada: solo un cuento que me ha dejado helado con su maestría.

El grito y el aplauso son los gestos de gratitud debidos, por cierto, para la pesadilla que me liberó de la mía.

 

“Pájaros en la boca y otros cuentos”

Samanta Schweblin

Literatura Random House

2017

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