Leyendo a Tatiana Tîbuleac

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Empecé a leer El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Țîbuleac, en una madrugada de desvelo, después de que Leonardo demorara varios minutos —horas— en quedarse dormido. En la penumbra de la madrugada algo me impresionó: la violencia verbal del personaje principal.

El desvelo es una búsqueda de sustitutos, ¿no? Encontrar algo que pueda reemplazar el tiempo del sueño. O que nos devuelva al estado de somnolencia que antecede al sueño. Un balance financiero cumple esa función. Una novela como la de Țîbuleac genera todo lo contrario: una adicción por seguir, un impulso por no cerrar los ojos.

Estas páginas son inclementes. El protagonista de la novela, Aleksy, vomita todo: resentimiento, enojo, rabia, rencor, odio, desprecio, repugnancia, ira, resquemor, cólera, furia, inquina, encono, tirria, desdén, repulsa, antipatía, aversión. Sin piedad. Ni por su madre ni por sus amigos ni por sí mismo.

Para armar esa lista tuve que desempolvar mi viejo diccionario de sinónimos y antónimos. Creo que cubrí toda la gama de emociones y arrebatos de Aleksy

Un fragmento de las primeras línas de la novela: “Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás. Yo la miraba desde la ventana mientras ella esperaba junto a la puerta de la escuela como una pordiosera. La habría matado con medio pensamiento”

Tatiana Țîbuleac nació en 1978 en Chisináu, la capital de Moldavia, un país de Europa oriental ubicado entre Rumania y Ucrania. Su padre era periodista, su madre era correctora, así que creció rodeada de libros. Tatiana siguió un camino similar al de sus padres y durante 15 años trabajó en periódicos y televisión. El 2007 se mudó a París e inició su carrera como escritora

La historia de su abuela es brutal. “La crueldad de la que me siguen acusando en mis libros —dijo Tatiana en esta entrevista— creo que viene de ella, porque mi abuela era una mujer muy fuerte. No fuerte en el sentido moderno, no en el sentido de que no se dio por vencida ni tuvo sus propios puntos de vista que se impuso a sí misma. Mi abuela fue deportada a Siberia, donde enterró a un niño con su mano, donde dio a luz a mi madre, que se suponía que iba a morir

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes es una novela sobre un adolescente enfurecido. También es una novela sobre una madre dañada. Acá hay depresión, enfermedad, abandono, pero también un renacimiento. Por sobretodo, esta es una novela en la que la sanación se produce a través del lenguaje.

Te he querido, Aleksy, te he querido como he podido”, dice la madre en la novela.

Hipergrafía

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