LEONARDO, sobre recuerdos y futuros

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Hay un libro que estuvo mucho tiempo en mi velador durante la pandemia. Un libro grueso, de casi 600 páginas, con una letra cuyo tamaño desafiaba mis deficiencias oculares. Un libro ambicioso, concentrado en detalles, fechas, lugares y nombres, en tensiones políticas y corrientes pictóricas.

Se trata de Leonardo Da Vinci, la biografía escrita por Walter Isaacson que se publicó en 2018.

Leonardo reseña de Patricio Contreras en LyB
Leonardo reseña de Patricio Contreras en LyB

Trato de recordar cuánto tiempo estuvo en mi velador. ¿Tres meses, seis meses? Ni idea. Trato de recordar en qué año. ¿2020, 2021? Puede que haya sido antes de tener vacunas. Trato de recordar cuántas páginas diarias leía. ¿Dos, tres… diez? Diablos. La pandemia perturbó mi percepción del tiempo y nubló los recuerdos de aquellos días rutinarios y claustrofóbicos. Me cuesta hacer memoria de ese tiempo aciago.

Lo que sí recuerdo es cómo ese libro llegó a mis manos. A fines de 2019 participé en un concurso de booktubers y gané mi categoría, la de adultos que se creen influencers literarios. Uno de los premios era elegir 10 libros —el sueño del pibe— y yo incluí en esa lista la biografía de Leonardo.

¿Por qué? Ahí nuevamente la memoria es difusa. A veces un libro se te aparece en internet y lo quieres. A veces lo ves en una vitrina y te seduce su portada. A veces es el olor y el fino ensamblaje de su encuadernado. A veces es la recomendación de una persona que te inspira confianza. O a veces es el tema, el personaje, la trama o quien lo escribe.

Cuando tuve la biografía en mis manos, pensé: “no lo voy a leer nunca”. Por la misma razón de siempre: tiempo. Hasta que llegó la pandemia y un día de 2020 o 2021 lo dejé en mi velador y empecé a leer de a poquito, cada noche, antes de darle cierre a un día monótono que no se diferenciaba mucho del anterior y del que vendría después.

Cada página de este libro es un peldaño que te acerca más a la cabeza de un genio que pintó, dibujó, esculpió, experimentó, diseñó e imaginó lo inimaginable hace más de 500 años. Como dice Isaacson, “un discípulo de la experiencia” que conectó ciencia, humanidades y tecnología de una manera sorprendente.

Lo triste de esta historia es que nunca terminé de leer la biografía de Leonardo. En algún punto me desconecté y me concentré en otros libros que fui apilando en el velador y que terminaron, primero, por sepultarlo y, después, relegarlo al librero. Llegué hasta la página 262. Mientras escribo este boletín (1) abro esa página para ver en qué quedé. Dice Isaacson:

«Su trabajo en perspectiva lineal no fue pionero, ya que Alberti había explicado casi lo mismo. Sin embargo, Leonardo fue más innovador, pues se centró en la perspectiva del detalle, que describe cómo los objetos se vuelven menos nítidos con la distancia”.

Seré honesto: no recuerdo nada de eso. Nada de nada. Soy el peor reseñador de libros de la historia (en mi defensa diré que este boletín lo hago gratis). Pero lo que sí recuerdo es que en cada párrafo aparecía —aparece— una idea, un detalle, un destello de la cabeza de Leonardo. Una conexión de sus neuronas para que nos aproximemos a cómo veía el mundo y trataba de entenderlo y asirlo.

Este es un libro, creo, que merece una segunda oportunidad. Quizás en el futuro vuelva a mi velador y permanezca tres o seis meses, esperando que le dedique mi tiempo y atención, hasta que otros libros lo aplasten y oculten, y el ciclo se repita una y otra vez.

Aunque lo más probable es que en adelante mi tiempo y atención sean para mi hijo Leonardo, que nació el 17 de diciembre de 2022, a las 16:25. Leonardo, el pequeño gran Leonardo.

Eso es todo, cierre de transmisiones.

Me voy a leer.

(1) En Libros y Bibliotecas publicamos estos comentarios que Patricio Contreras entrega habitualmente y dos veces al mes, en el Boletín de Libros de su autoría denominado Hipergrafía. Para suscribirte a él y recibirlo en tu casilla de correo pincha aquí

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