La inteligencia artificial al servicio de la promoción de la Lectura

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Durante los últimos meses son múltiples las conversaciones abiertas en torno a la Inteligencia Artificial (IA). ¿Qué ha pasado que el interés por la IA ha aumentado a niveles de polémica, alertas, advertencias y amenazas? Mal que mal la irrupción de esta tecnología, de forma masiva y al alcance de millones de usuarios, ya lleva más de un lustro funcionando en el ciber espacio. ¿Será que la pandemia, con su explosivo aumento de usuarios digitales, consolidó la preeminencia de la IA a la hora de buscar la generación de contenidos por parte de los afligidos cibernautas?

Es posible. Como sea, estos meses también se han producido batallas comerciales, escaramuzas legales, prohibiciones y muchas más acciones que delatan el miedo que muchos y muchas tienen en torno a estas plataformas de IA. Sabemos que el punto de partida del miedo es la ignorancia. Y no estamos, en este sentido, frente a una excepción.

Aunque el miedo, el recelo, la desconfianza, como siempre, está mal enfocada; porque, lejos de tener aprehensiones hacia las plataformas tecnológicas porque, en este caso, podrían “reemplazar” a los seres humanos en muchas tareas que ellos realizan, la verdad es que hay que tener atención a quienes las usan y las decisiones que toman frente a ellas.

El problema o las dudas, finalmente, no debieran estar sobre lo tecnológico sino respecto de los fundamentos éticos de los usuarios de la IA.

Limitar el crecimiento de la IA y su desarrollo, además de imposible, no es la solución para prevenir los «estragos» que se puedan provocar con ella. Hay que atender a las personas y formarlos de manera en que el abuso, la impostura o el plagio no se convierta en una conducta habitual y legitimada.

Tal como hace años las fake news se convirtieron en parte del paisaje, en una costumbre tan arraigada que llegó a ser una práctica que pocos condenan con convicción, el uso de plataformas de IA no puede derivar en soslayar o aminorar la gravedad de la mentira y la falta de honestidad intelectual.

Con todo, debemos avanzar en el uso de las IA para diversas tareas y asumir que son herramientas que llegaron para quedarse.

En nuestro caso, ¿cómo ocupar la IA y otras herramientas tecnológicas en materia de promoción y fomento de la lectura?

Los mediadores de lectura, por nuestra cercanía y familiaridad con los diversos formatos en que se presenta la información, tenemos menos desconfianza con las plataformas digitales. Debemos, por tanto, atender a las ventajas que las nuevas herramientas nos presentan para mejorar la experiencia lectora.

Una experiencia lectora positiva es el mejor aliciente para la búsqueda de nuevas lecturas, que nos permitan repetir el goce y disfrute de los textos que llegan ante nosotros.

Los rechazados resúmenes de libros

Partamos, por ejemplo, con el ejercicio de «pedirle» a estas plataformas de IA que nos entregue el resumen de un libro. Veo desde aquí sus cejas arqueadas. A muchos esto les puede parecer un sacrilegio, seguramente vienen a nuestro recuerdo la desesperación de alumnos y alumnas que olvidaron o no fueron capaces de leer ese libro obligatorio y, apurados por el examen que deben rendir, acuden a los resúmenes como última tabla de salvación.

Si el examen, al que son sometidos, mide la línea argumental básica los resúmenes son una efectiva “vía de escape”. Sin embargo, como se espera, si las preguntas son en torno a la experiencia lectora, a la emocionalidad que gatilló, el resumen no sirve de nada.

Entonces, aplicando la sofisticación de la IA, que va más allá de un resumen y estimulamos al lector que “converse” con la plataforma, sumando las múltiples miradas que se han hecho sobre un libro determinado en muchos, sino cientos de años, lo que tendremos es una fluidez argumental que podría estimular una lectura aún más motivada y placentera.

Más allá de la esfera académica, el uso de la IA, para que los lectores tengan mejor acceso a información previa de un libro, por ejemplo, es una tremenda oportunidad para realizar lecturas más profundas y de mayor riqueza.

Los mediadores de lectura debemos aplicar las habilidades que hemos desarrollado para sacar provecho a otros formatos de lectura, usando las aplicaciones y plataformas que usan IA para potenciar la creatividad, la curiosidad y el deseo de aprender desde las emociones.

 

 

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