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Entrevista a Guido Arroyo, Director de Alquimia Ediciones

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Nuestros autores deben creer que escribir es un acto de fruición personal, que cuando lo publican, lo difunden, es algo comunitario … y les deja de pertenecer.

Libros y Bibliotecas conversó con el cerebro y motor de la Editorial Alquimia, Guido Arroyo (Valdivia, 1986), estudió Licenciatura en Literatura Creativa en la UDP, oficia de poeta, pero el oficio que más le gusta es el de Editor, eso le brota por los poros en esta entrevista. En la actualidad es profesor del Diplomado de Edición de la Universidad Católica. Forma parte de una oleada de jóvenes autores que, no conformes con la realidad editorial, decidieron dar un paso más allá y provocaron el mayor remezón que ha recibido la industria del libro en toda su historia: el surgimiento de una serie de editoriales emergentes e independientes. En esa tendencia dio origen a Alquimia y, junto a sus pares, creó y dirigió la emblemática cooperativa de editoriales independientes “La Furia”.

Hablamos con él sobre la pasión de editar, la irrupción de la tecnología en las letras y en los lectores, la industria del libro y la deuda que la sociedad chilena tiene con la lectura.

LyB: ¿Como surgió Alquimia?

GA: Alquimia nació como una suerte de divertimento o experiencia editorial. Cuando yo tenía 19 años junto a unos compañeros de literatura, de la Universidad Diego Portales, armamos un equipo, postulamos a unos fondos, muy mínimos, de la misma Universidad. Lo recuerdo muy bien, el monto máximo eran 250 mil pesos. Publicamos una Antología de Poesía, con textos narrativos, de Camila Valenzuela, por ejemplo, que hoy publica literatura fantástica, o de Gonzalo Eltesch, cuya novela se publicó en Chile y en España y es hoy es editor de Random House. Empezamos a hacer ese tipo de libros y durante cuatro años, hasta el 2011, Alquimia fue realmente un taller editorial. Publicábamos libros de literatura contemporánea, de autores que no tenían cabida en otros sellos, en fin. No existía el fenómeno de las editoriales independientes excepto las históricas, como LOM o Cuarto Propio.

En esos cuatro años, 2007 y 2011, hicimos 15 libros de diversa índole, particularmente de poesía, libros objeto, libros-discos, experimentamos mucho. El 2011 nos formalizamos legalmente y se estructura por Colecciones; a la par que, gracias a una Beca Conycit, pude continuar mis estudios y dedicarle el tiempo “laboral” a Alquimia. Nuestro catalogo sumó narrativa y libros referenciales a lo que ya editábamos de poesía.

LyB: ¿Cuáles son los libros referenciales?

GA: En esa línea publicamos entrevistas, diarios de vida, epistolarios, textos paraliteriarios de autores clásicos o consolidados, obviamente con ello apuntábamos a otro público. Entonces, empezamos a pensar los libros no para los amigos del autor, que eran a la vez nuestros amigos, sino para un público más transversal.

LyB: En todo proyecto que emprendemos hay una etapa crítica, hoy Alquimia es un sello, una editorial con un nicho y un público más o menos definido, con un staff de escritores, pero hay un momento en que esto estuvo en riesgo ¿cuál sería ese momento para Uds.?

GA: Bueno, nosotros partimos el 2011 ganando unos Fondos del Libro, lo quiero decir de una forma directa, hay que disputar los recursos del Estado. Fuimos una editorial que se fue construyendo un poco con esos beneficios, con compras estatales, con distribución autónoma al principio y luego con distribución externa; partimos trabajando con una agencia de diseño que se llamaba Navaja, que venía del mundo contracultural punk, muy amigos nuestros y en un momento el 2014 empezamos contratar formalmente sus servicios, generamos una estructura distinta, en fin. Pero tuvimos momentos críticos, partimos con un capital inicial propio, hay otros proyectos editoriales que cuentan con financistas, por ejemplo. Yo diría que desde el 2014 y 2015 en adelante comenzamos a tener una estructura económica estable. El momento más crítico fue cuando, acostumbrados a obtener y ganar recursos del Consejo de la Cultura o el Ministerio de Educación no obtuvimos ninguno de los 7 proyectos que postulamos. Fue en 2017, un año en que partimos muy mal, estuvimos obligados a reenfocarnos y repuntamos a la par que cambiamos la óptica, tratando de apostar por contenidos y temáticas de calidad y que nos hicieran sentido, en conjunto con pensar en la cadena del libro y sobre todo salir del nicho. Esto último es uno de los conflictos más grandes de nuestro tiempo. Esa mirada, muy fascista a mi entender, de cultivar la alta cultura y la baja cultura. Hacer libros para pocos o pensar que un libro es bueno si es un “secretito”.

…la verdad es que pensamos el triple de los libros que publicamos, muchos de ellos sólo son publicables con apoyos, no es suficiente con las librerías y la venta para financiarlos.

LyB: Hay quienes se resisten a la ayuda estatal, algunos proyectos editoriales piensan que recibir recursos públicos es como vender principios o tranzar la propuesta cultural de cada una de ellas. Pero viendo tu experiencia parece que es muy difícil que una editorial prescinda, completamente, de los fondos públicos.

GA: Hay una mirada, que me parece que no es tan profunda en su reflexión, que subentiende que si uno trabaja con cierto tipo de recursos, como los públicos, se le interviene o se le coopta. Creo que uno, políticamente, tiene que disputar espacios más que sentirse siempre aplastado, figurar de víctima es muy común y subjetivo.

Me pasa, exactamente, lo contrario; cuando pensamos en hacer un libro, por ejemplo, no pienso en aquellos lectores que ya nos dieron un voto de confianza, sino en los lectores anómalos, en algunos familiares míos que no leen mucho, …No quiero llevar la lectura hacia un espacio homogéneo o cerrado, ese es uno de los peligros actuales de la sociedad. En ánimo de hacer entrar aire fresco, por ejemplo, tenemos un programa de postulación, la verdad es que pensamos el triple de los libros que publicamos, muchos de ellos sólo son publicables con apoyos, no es suficiente con las librerías y la venta para financiarlos.

Pero es verdad que hay una sensibilidad discursiva en torno a lo que preguntas, se apela a un purismo. Si se postula a fondos públicos no se es independiente. Pero esa tendencia no está pensando en el lector precisamente.

LyB: ¿Es una discusión sin resolver aún en el mundo de las editoriales independientes?

GA: Tan presente está que ha habido textos y debate sobre ella. Me parece que esta discusión no está pensando en desarrollar un ecosistema editorial, donde sea posible que gente pueda desenvolverse en ese oficio, que no sea un hobby; hay muchas personas que se aproximan al mundo de la edición como una entretención anexa de su vida; insisto, lo central son los lectores. Si yo edito un libro de poesía, una novela, un ensayo, lo que quiero es que se difunda y se lea, que llegue tanto a las librerías de nicho, a las librerías del persa o a regiones, ojalá a Argentina u otros países, eso es lo que tiene que pensar un editor siempre.

LyB: En tu trabajo previo con el autor, se hacen esta pregunta ¿Quién lo va a leer?

GA: Si, es una de las preguntas fundamentales…

LyB: Y están los autores preparados para entrar a esa discusión?

GA: Trabajamos en una cadena del libro que tiene dos variantes, una es la variante orto-tipográfica es decir, el manual de estilo técnico RAE, y otra es la parte estructural de estilo, donde tomas un contenido y piensas en, por ejemplo, un arco de personajes y dices ya este personaje es poco verosímil y hay que darle otro relieve, el montaje de esta novela necesita o requiere este elemento, o el texto tiene una zona muy escabrosa al inicio y el lector puede salir de ella, pongámosla en un tercio de la novela, es ver la arquitectura y el meta-relato de ella.

Por ejemplo, vamos a publicar ahora, un libro que se ganó el premio Mori inédito como el mejor libro del año pasado, es un libro dos tiempos, más largo, y hay una carga política en él muy profunda. Es un libro que trabaja desde la poesía el conflicto por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, es algo subrepticio en el libro, pero tenemos que pensarlo y trabajarlo con el autor, ponerlo en relieve en la estética, para generar acercamiento a lectores. Por lo menos para Alquimia el desafío en cada obra es para que nos lean más allá de los cercanos al reador o al editor.

LyB: ¿Los creadores tienen que estar insertos en el medio y contexto en el que viven? Toda creación debe tener sintonía con lo que está pasando en la sociedad, pero a veces los autores tienen resistencia y ponen en primer orden sus mundos interiores ¿está ese debate en el trabajo editorial?

GA: Hay un neo-romanticismo en la figura del autor que tiene que ver con una sobrevaloración de lo individual, con una supremacía de lo íntimo por sobre lo público y, al menos yo como autor, como lector, como sujeto caminante, estoy muy afuera de eso. Nosotros en todas nuestras colecciones, en nuestras novelas, en nuestros libros de ensayo o poesía, en todos, pensamos lo público como algo fundamental. Hace poco reeditamos Mapocho, de Nona Fernández, que es una autora fundamental para Alquimia, es el tercer libro que hacemos con Nona y ella decía, en una entrevista, que el escritor debe pensar lo público no sólo como escritor sino que tiene que pensar como sujeto que camina, como vecino, etc. Si él no lo piensa no tiene sentido que su obra se sociabilice. Sigue habiendo un prurito de esta figura de un escritor neo-romántico, que primero cree que es un genio y segundo que si publica un libro tiene que ser portada de El Mercurio o LUN.

LyB: ¿Algo así como la voz de los sin voz?

GA: Esa es la figura, en términos etimológicos, más representativa, estamos hablando de una persona un tanto idiota, no vinculada a lo público. Nosotros no estamos en esa línea, en general buscamos autores que tengan una resonancia, incluso íntima, con lo público. Que quieran que su obra se sociabilice, que entiendan que esto es un oficio, no trabajamos con un artista- genio. Nuestros autores deben creer que escribir es un acto de fruición personal, que cuando lo publican, lo difunden, es algo comunitario y les deja de pertenecer.

Hay un neo-romanticismo en la figura del autor, tiene que ver con una sobrevaloración de lo individual, con una supremacía de lo íntimo por sobre lo público y, al menos yo como autor, como lector, como sujeto caminante, estoy muy afuera de eso.

LyB: En esa misma línea, hablemos del Ensayo, con él los autores quieren decir algo y provocar efecto en el tejido social. Y es que el libro, pese a todos los vaticinios, sigue siendo un instrumento muy eficaz de legitimación del discurso. Algunos escriben ensayos para abrir o cerrar etapas personales, para exponer de mejor manera sus ideas, programas o preocupaciones, en fin. Pero, no son pocos, muchos de los personajes “emergentes” por ejemplo, que quieren hacerse un lugar, se desilusionan porque al acercarse a las editoriales se dan cuenta que no es una producción barata. ¿El Libro digital es una alternativa para ellos?

GA: El libro, en tanto objeto, en su valor de vehículo cultural y de un objeto que pretende intervenir la realidad cultural de una sociedad, es muy difícil que pierda su valor. Ayer hablábamos en la editorial justamente de esto, encontramos un libro de 1890, que queremos reeditar, que habla del libro impreso. Desde hace mucho tiempo que se viene hablando de esto y no ha ocurrido …

LyB: Y parece que no va a ocurrir…

GA: Exactamente, el libro sigue siendo un eje fundamental para una persona que quiera dar un testimonio, hacer una autobiografía, erigir un discurso, generar una diatriba en un contexto político. El libro digital es efectivo, pero hay ciertas trabas, porque primero, hay una barrera de acceso; segundo, no está el peso físico y tercero, no está el tema de lo portable. El lector en su mayoría, necesita del libro físico. Hay una barrera real para el lector tradicional.

El lector más “millenials” utiliza ciertas plataformas, que le permiten entrar a dirimir, a interactuar. No es un consumidor de e-books precisamente.

LyB: Nosotros nos conocimos en Guadalajara en 2013, esa era la segunda oportunidad en que las editoriales independientes y emergentes pudieron asistir, gracias al apoyo estatal, de manera, considerable a la Feria. Y pudieron participar de manera activa en las Mesas de Derechos, ¿eso fue como abrirse al mundo no? Hoy por hoy Alquimia está con una pata en Buenos Aires, ¿cómo ha sido este proceso de internacionalización?

GA: Lo primero es que tiene que haber una óptica que propicie salir de tu espacio. En mis clases de edición en mis proyectos finales, por ejemplo, les planteo a los alumnos que estructuren e identifiquen los círculos concéntricos donde quieren distribuir su libro. Es válido que alguien quiera hacer una editorial y publicar para sus quince amigos y hagan una secta de eso. Nosotros optamos por otra cosa, queremos publicar contenidos transversales, por ejemplo editar a un gran autor chileno, lo hemos hecho con Matías Celedón, Nona Fernández, Álvaro Bisama, Juan Pablo Sutherland, muy conocidos en nuestro medio, pero llegas con ellos a donde un agente inglés o español, o italiano, y no los conocen, no tienen porque hacerlo; y en ese caso lo primero que hacemos es decir: mira este autor se parece a esto otro autor. Y ahí te das cuenta que debes editar autores de otros países, sobre la base de temáticas universales. Se arma una red, es un trabajo de mucha vocación, pero que tiene frutos hermosísimos. Cuando un libro que tu editaste en Chile lo ves impreso en una vitrina, en otro país o en otro idioma, se rompe el corazón.

Nosotros estamos haciendo un trabajo muy fuerte en Argentina, lo hemos hecho con Lemebel y Nona, nos interesa mucho la industria del libro argentina, más que México o España, incluso estamos produciendo segundas ediciones de autores argentinos allá mismo. En España pretendemos editar algunos títulos nuestros, de literatura nacional e internacional, e imprimirlos allá de manera directa.

LyB: ¿Qué es lo que más piden de los chilenos, por ejemplo, en Argentina?

GA: En general en Argentina, como en otras partes, hay mucha valoración de la poesía chilena. Hicimos una Antología de poesía joven chilena, se llama Maraña, en febrero y en la FEP (Feria Internacional del Libro de Buenos Aires) al segundo día ya no teníamos existencia de ella. Un amigo, el otro día, Diego Alfaro me decía ¿Chile cuantos premios nobeles de economía ha generado? Sin embargo tenemos dos poetas con ese galardón. La poesía chilena está muy valorada, independientemente que para mí la mejor poesía de habla hispana es la peruana, por lejos … y la comida también.

También los argentinos tienen interés por la narrativa, pero ojo, hay también interés por las ediciones. Es un muy buen momento para la edición chilena, yo diría que el editor chileno tiene una tendencia  a ser muy cuidadoso, preocupado de la gráfica, muy fino con los para-textos. Porque los países que tienen una industria muy grande y voluminosa no tienen tanto ese cuidado y es motivo de felicitación por parte de los libreros argentinos.

LyB: A propósito de eso mismo ¿Es el número de ejemplares por edición la mayor diferencia con otros países?

GA: El mayor conflicto que tenemos en Chile, en términos editoriales, es el volumen asociado a la distribución; nosotros estamos muy contentos con las librerías virtuales, on line. Otro asunto es el print for demand, que Amazon creó como imprentas que funcionan como rockolas, en un minuto veinte el libro está impreso. Ahora, efectivamente, hay ciertas limitantes técnicas que tienen que ver con la presentación estándar de los libros, mismo tamaño, misma fuente, mismo tipo de papel, en fin. Pero tampoco soy tan apocalíptico nos ha pasado, por ejemplo que nosotros mismos no damos abasto de ciertas peticiones muy específicas.

Al menos en España en 2018, el 58% de nuevos usuarios (de audiolibros), que son más de un millón y medio de personas, son nuevos lectores.

LyB: Pero, imaginemos una rockola, hay un libro que está sólo en Portugal y quiero comprarlo, voy a la maquinita, pago y listo… impreso. ¿tampoco es tan malo? Y responde a una necesidad de las personas de contar con el libro físico, no con el digital…

GA: En esto soy militante y creo en que la lectura debe acercarse a las personas de manera transversal. Por eso todas las políticas e innovaciones, que beneficien el acceso y saltan los problemas de distribución, son bienvenidas. Lo mismo ocurre con el audiolibro que es un fenómeno muy particular que creo que va a romper el paradigma más fuerte de lo que ocurrió con el libro digital. Porque no es que le compita al libro físico, lo que hace es crear un nuevo lector.

LyB: ¿Cómo así?

GA: Hace poco estuve con la encargada de Latinoamérica de Storytelling, esta empresa sueca que es la más grande en la producción de audiolibros, como el Netflix de los libros; era una reunión de negocios, pero yo dediqué quince minutos para hablarle de mi catálogo y treinta minutos de entrevista, porque quería saber datos del negocio, me dio datos increíbles. Al menos en España en 2018, el 58% de sus nuevos usuarios, que eran más de un millón y medio de personas, eran nuevos lectores. La mayoría de esas personas, que pagan cerca de siete mil pesos mensuales, no leían ni compraban libros. Si tienes una plataforma que acerca contenidos a nuevos lectores son muy positivo.

LyB: Es una oferta interesante la que se está armando ahí. Hace poco me enteré que existen, por ejemplo relatos de 15, 20 o 40 minutos, lo que puede demorar el transporte público en nuestros países, que son muy bien recibidos por la gente …

GA: Mira yo tengo tres bibliotecas, una de ensayo y poesía, que es la que tengo en mi pieza, otra con libros que debo leer por mi oficio de editor y una última de libros de divulgación, que me gustan mucho. Yo tengo Storytelling y ahí, ahora, estoy escuchando una historia del Clima, de 420 páginas, publicada en España, que no llega a Chile y mientras camino de allá a acá la voy escuchando. Aprovecho de disfrutar en tiempos que no podría leer.

LyB: Pero hay algo que tener en consideración: uno puede escuchar libros, pero el proceso mental de leer entrega un entrenamiento de mayor complejidad y te entrega más destrezas, el efecto sobre nuestra mente es diferente y más beneficioso. Hay mayor abstracción, puedes hablar y por teléfono y ver TV, o conducir y sostener una conversación con tu acompañante, pero al leer requieres de una concentración más demandante ..

GA: Efectivamente, debemos interiorizar la práctica, uno de los elementos más cruciales en términos educativos, es que la lectura tiene que ser un acto de fruición; si nosotros no logramos que los niños de kínder o primero básico agarren un libro, lo muerdan, jueguen con él, interiorizar el acto de leer; que haya espacios o rincones para la lectura, que ésta no sea transitoria, sino un hábito que permanezca ene l tiempo. Que los profesores entiendan que leer no es para extraer algo, concentrar el acto de leer en un fin utilitario, sino por el goce de la lectura.

Yo siento que la edición es un oficio, se lo digo así a mis alumnos de la Universidad Católica, no hay algoritmos. Y eso es muy entretenido, que no haya certezas. Uno nunca sabe lo que va a pasar, hay libros que te sorprenden …

LyB: Tomar la lectura como un hábito natural, como caminar o comer…pero también, para ello debemos terminar con cierta formación lectora restrictiva, como leer un libro completo, no abandonar la lectura, no saltarse páginas, en fin, facilitar el disfrute de leer …

GA: Tu puedes ser un lector técnico capacitado, que entiende todo lo que lee, pero lo que en los colegios debiera evaluarse es que esas habilidades técnicas sólo sean validadas cuando interiorizas la lectura. Eso, asociado con la existencia de políticas públicas o sociales que faciliten el acceso a los libros, con bibliotecas abiertas, con espacios de libre tránsito de libros, etc. Sin prejuicios hacia la lectura.

Incluso sin prejuicios sobre los contenidos, me molesta mucho que esa imagen de la alta y baja cultura, donde convergen la aristocracia chilena y el hípster, denostando obras y lectores por leer libros de “menor” calidad. Ignoran que, por ejemplo, un lector anodino de libros de divulgación histórica o científica terminará leyendo libros profundos en ese tema. Hay que entender que es muy bueno que se publiquen libros que, aparentemente, son muy sencillos porque es el inicio para llegar a contenidos más “duros”. Tenemos que tener respeto por la gente que quiere iniciar esta búsqueda.

LyB: Alquimia es un proceso que resultó, en nuestro medio es un proyecto exitoso. Tal como nos dijiste, al principio hubo capacidad y desprejuicio para entender y acceder a los recursos públicos orientados al área del libro, en fin, lo de Uds. fue una excepción o es algo que se da naturalmente.

GA: Sin duda hemos logrado llegar a un nivel de flotación más tranquilo y, sobre todo, ir diversificando contenidos.
Yo siento que la edición es un oficio, se lo digo así a mis alumnos de la Universidad Católica, no hay algoritmos. Y eso es muy entretenido, que no haya certezas. Uno nunca sabe lo que va a pasar, hay libros que te sorprenden que no esperabas que tuvieran tal o cual recepción, en fin. En el mundo de la edición uno tiene que partir de la premisa que parte del trabajo es elegir un contenido, dialogar 150 veces con el autor o el traductor sobre la obra, eso es la mitad, cuando el libro se publica adopta su propia vida. Nosotros en Alquimia queremos que los libros vivan más tiempo con nosotros, ojalá mucho tiempo, que haya una segunda edición, no queremos best seller sino que sean long seller. Que todos los meses constatemos un interés permanente por el, que el narrador se siga leyendo, que un ensayo se siga leyendo, etc. Queremos envejecer con nuestros libros, en eso creemos, en los libros de fondo y queremos trabajar cada vez más con los autores para eso.

LyB: ¿La sociedad chilena está al debe con el mundo editorial?

GA: No quiero se polémico pero creo que Chile, en comparación con nuestros países vecinos, tiene una gran política de internacionalización de autores o editoriales, se hace un trabajo bastante óptimo, ya es una política de Estado. Lo que falta va por otro lado, es necesario generar más lectores y hacer más mediación lectora; sobre todo facilitarle a las librerías, o a las redes de circulación del libro, más posibilidades. Hablo de la comercialización y el acceso. Si uno mira la concentración de librerías en Chile es violentísima; la región metropolitana tiene 52 comunas y sólo en cuatro de ellas está concentrada el 80% de las librerías, eso no es tolerable. El Ministerio de las Culturas, por ejemplo, debiera fomentar la apertura de librerías en nuevos puntos, tanto en centros culturales como en bares,… sí en bares, como ocurre en otros países. La industria del libro está creciendo, pero necesita de estímulos, la bibliodiversidad está aumentando, estamos en un buen momento pero hay que generar más espacios de difusión y venta de libros.

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