“Chicas en tiempos suspendidos” de Tamara Kamenszain: Y sin embargo y sin embargo

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El hombre olvida que es un muerto que conversa con muertos”, rezaba Jorge Luis Borges en las primeras líneas de su cuento “There are more things”. Alguna vez escuché, a modo de analogía (no recuerdo el nombre ni el rostro que lo dijo, pero sí sus palabras), que leer es una conversación que sostenemos con la eternidad. Creo que me pasó algo parecido (aunque la revelación fue posterior) cuando leí el libro de esta ocasión:

En una apuesta hecha conmigo mismo a finales de 2021, me hallé en una librería donde, buscando un regalo, pedí que me recomendaran un par de libros de los que nada sabía salvo que fueran novedades editoriales. Lo indicado por la vendedora (tampoco recuerdo su nombre ni su rostro, pero sí su entusiasmo) fueron una novela de todo mi gusto y de la que intentaré hablar en otra ocasión, y un libro de poesía de la autora argentina Tamara Kamenszain que dejé (como es habitual con las lecturas pendientes) para el año siguiente y, tras leerlo, lo consideré el mejor libro que había leído en 2022. El entusiasmo por dicho momento me llevó a buscar datos biográficos de la escritora y me di cuenta, ¡oh, la Ironía!, que había fallecido pocos meses antes de hallarla en esa apuesta. Era un muerto que llevaba conversando en repetidas ocasiones, y sin saberlo, con otra muerta. Lo único que nos separaba es que ella ya admitía quién era.

Confieso desde ya que jamás antes había leído a Tamara Kamenszain y encontrarme con “Chicas en tiempos suspendidos”, a la sazón su último libro, resultó una sorpresa tan intensa como revitalizadora. En versos que suenan corrientes pero que son a la vez vívidos y hermosos, la escritora reflexiona sobre la soledad de la pandemia, el divorcio, la literatura y el estado de las mujeres en ella, el feminismo y la relación con la vejez y con las palabras que acosan a muchas mujeres de la escritura y de la vida. El texto, separado en cinco capítulos, es una larga reivindicación del rol de estas mujeres en el paisaje literario, de su intensidad íntima y su fuerza y de la naturaleza de su propia poesía. Tamara misma usa y reitera la palabra “poetisa” como acto de desagravio, como una bandera que se flamea con orgullo, a la vez que cuenta en sus páginas una serie de anécdotas que la conectan, ora por lectura, ora por amistad, con otras figuras señeras del paisaje literario de su vida.

Y quizás el hecho de haberla leído a meses de su deceso me conectan con una carta que recibió, a confesión propia, del poeta chileno Enrique Lihn largos años después de su muerte. La misma Tamara dice “En un poema de Diario de Muerte el antivate afirma: / “Nadie escribe desde el más allá / las memorias de ultratumba son apócrifas”. / Y sin embargo y sin embargo…

Feliz ironía, entonces, el encontrar y comentar un libro precioso que es a la vez un memorial y un obituario. Y sin embargo y sin embargo estamos aquí para seguir conversando después de muertos.

 

 

Chicas en tiempos suspendidos

Tamara Kamenszain

Eterna Cadencia

2021

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